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La cultura de la dieta y la delgadez

Vivimos en una cultura donde nos enseñan que para triunfar es necesario estar dentro de unos cánones estéticos de delgadez. Y para conseguirlo hay que estar a dieta permanente, sintiéndonos culpables si no llegamos a la exigencia que estas nos marcan.

Por otro lado, también estamos dentro de un entorno obesogénico, una sociedad que nos bombardea continuamente con productos ultraprocesados muy fáciles de conseguir, “que nos aportan felicidad”. Donde lo normal es la comida rápida en la mayoría de los eventos sociales y, lo raro, es comer saludable. Además se propicia el sedentarismo, ya que estamos colmados de tecnología que facilita el no esfuerzo.

Entonces, ¿en qué quedamos?. ¡Vaya una contradicción!.

Pero nada más dejos de la realidad, ni la delgadez, ni la dieta ni los ultraprocesados nos dan la felicidad, más bien nos la roban y nos dan ansiedad, frustración o depresión, entre otras.

La recomendación es fácil: huye de las dietas, empieza un estilo de vida saludable que dure para siempre, y que esté en armonía con tu manera de pensar. Ponerlo en práctica no resulta tan fácil pero si es una meta muy realista y alcanzable. La perfección no existe, habrá días buenos, regulares y malos, pero sí podemos encontrar el punto medio, el equilibrio que nos aleje de la dieta y de la comida basura.

La dieta y la comida basura, ¿sabías que se atraen fuertemente entre sí? Toda aquella alimentación rígida, restrictiva y con prohibiciones irremediablemente nos generará ansiedad y buscaremos aquello “prohibido” como recompensa. Después vendrá la culpabilidad, y la búsqueda de la restricción, de nuevo, entrando así en el bucle infinito de las dietas.

Es importante que la alimentación nos haga sentir bien tanto física como psicológicamente, y en la sociedad en la que vivimos esto no nos lo enseñan. Más bien nos reiteran que el éxito se consigue estando delgados. Y “casualmente”, cada vez hay más personas que tienen un trastorno alimentario y cada vez más personas con gran ansiedad que se refleja en su alimentación.

Empecemos por cuestionar los cánones de belleza y éxito, y escuchemos lo que realmente necesitamos y queremos para sentirnos bien.